Anton
Costas diu en referència a continuïtat de la política d’austeritat a Espanya i a Europa el següent:
Con la política europea de austeridad pasa una cosa curiosa. No es posible
encontrar ningún dato objetivo que la avale. Pero, aun así, tiene apoyos.
Especialmente, el de las élites financieras y de grandes corporaciones
multinacionales. A los que les van bien las cosas, les gusta la austeridad,
pero para los otros, no para ellos.
La recesión de 2011-2013 fue, por tanto, una crisis autoinfligida por la
austeridad. Pero también por la incapacidad del Banco Central Europeo para
cumplir con su objetivo legal de mantener la inflación en el 2%.
La causa del malestar es que la austeridad es un falso amigo. Es una idea
aparentemente sensata, pero peligrosa por el momento y la forma como se aplica.
Con un sector privado nacional sobreendeudado y anémico, y unas exportaciones
que sufren un euro fuerte, la austeridad perjudica seriamente la salud de la
economía y de la gente. Nos lo dice la evidencia cotidiana, pero también está
bien documentado en la investigación académica, la del FMI y de la OCDE.
¿Por qué, entonces, las autoridades europeas se obcecan en perseguir
políticas irracionales e insensatas cuando existen otras mejores disponibles?
No hay una única razón. Pero en buena parte es por el apoyo de las élites
económicas ... a diferencia de lo que ocurrió después de la Segunda Guerra
Mundial, las élites actuales no tienen una ética de responsabilidad civil ni un
compromiso entre sus propios intereses y los nacionales. Ignoran que la
economía de mercado sólo funciona si está arraigada en una sociedad próspera y
en un buen gobierno.
¿De dónde pueden venir los impulsos para el cambio? De la presión de la
sociedad civil y de las políticas de la UE. Los partidarios de la integración
deben recordar que su legitimidad social, su núcleo moral, no está en conceptos
como competitividad o eficiencia, sino en su capacidad para ofrecer
oportunidades de mejora a los ciudadanos, especialmente a los que más lo
necesitan. Las políticas europeas quiebran esa legitimidad porque perjudican a
los más débiles. Reconstruirla debería ser la prioridad de la nueva Comisión
Europea, que ha de comenzar a funcionar estos días.
Per
la seva banda, Paul Krugman parla sobre França, que segons la majoria del
corrent econòmic dominant fa anys que és el “malalt d’Europa”:
Hay que comprender dos cosas. La primera, que Europa, en su conjunto, tiene
graves problemas. La segunda, que a pesar de ello, en medio de ese desastre
generalizado, a Francia le está yendo mucho mejor de lo que podríamos pensar a
juzgar por la prensa. Francia no es Grecia; ni siquiera es Italia. Pero se está
dejando intimidar como si fuera un caso perdido.
En este momento, a Europa le va peor de lo que le iba en la etapa
equivalente de la Gran Depresión. Y puede que haya noticias aún peores en el
futuro, ya que Europa tiene todos los síntomas de estar precipitándose hacia
una trampa deflacionaria como la de Japón.
¿Cómo encaja Francia en este panorama? Las noticias describen
sistemáticamente a la economía francesa como un desastre disfuncional lastrado
por unos impuestos elevados y por las normativas del Gobierno. Por eso, cuando
se observan las cifras reales, uno se sorprende un poco ya que no cuadran en
absoluto con esa historia.
¿Por qué, entonces, tiene Francia tan mala prensa? Cuesta no sospechar que
existen razones políticas: Francia tiene un sector público muy grande y un
Estado de bienestar generoso, lo cual debería conducir al desastre económico
según la ideología del libre mercado. Por eso, lo que cuentan las noticias es
que es un desastre, aunque no sea lo que dicen las cifras. Y parece que
Hollande, aunque dirija el Partido Socialista francés, se cree estas críticas
que tienen una motivación ideológica. Y lo que es peor, ha entrado en un
círculo vicioso en el que las políticas de austeridad hacen que el crecimiento
se estanque, y este estancamiento del crecimiento se utiliza como prueba de que
Francia necesita aún más austeridad. Es una historia muy triste, y no solo para
Francia.
Europa necesita desesperadamente que el líder de una economía importante
—una que no atraviese una situación horrible— se levante y diga que la
austeridad está acabando con las perspectivas económicas europeas. Hollande
podía y debería haber sido ese líder, pero no lo es
Dos
missatges doncs: L’austeritat imposada per Alemanya, i seguida per Rajoy, no
ens traurà de la crisi econòmica a Europa; i França és una economia que es resisteix
a canviar cap a un model més lliberal, i per tant fa anys que està sotmesa a la
pressió de l’opinió ortodoxa que anuncia un imminent col·lapse que no es produeix.
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