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diumenge, 17 de febrer del 2013

Migraciones en Argentina

Extractos del trabajo “Migraciones internacionales en Argentina: un análisis de sus determinantes y de su relación con el mercado de trabajo”. Roxana Maurizio. Universidad Nacional de General Sarmiento. Argentina. 2006

En el análisis de los movimientos internacionales de personas, Argentina constituye un caso relevante no sólo porque las migraciones internacionales han constituido un elemento central en la construcción y desarrollo de su Nación, sino también porque el país pasó de ser un receptor neto de flujos migratorios desde fines del siglo XIX hasta mediados de 1950, a ser un expulsor neto en el último cuarto del siglo pasado, especialmente de mano de obra calificada. La reversión de estos flujos estuvo asociada al menor dinamismo económico que experimentó Argentina luego de la segunda guerra mundial y que implicó para el país un retraso respecto de otras economías con mejor desempleo económico, conjuntamente con una fuerte inestabilidad política a lo largo de su historia

Desde mediados del siglo XIX los flujos migratorios internacionales experimentaron fases bien diferenciadas. La “Primera Oleada Globalizadora” que se extendió desde  1870 hasta 1913 estuvo caracterizada por un volumen creciente de comercio internacional facilitado por el desarrollo de los transportes y de las tecnologías de la comunicación, por la disminución de las tasas arancelarias y por el régimen de patrón oro (Eichengreen, 1996). Durante este período se produjo una significativa movilidad internacional de bienes como así también de factores de la producción tanto de capital como de trabajo

A este dinámico período de integración mundial le siguió otro que se extendió entre 1914 - 1945 caracterizado por los dos conflictos bélicos a escala mundial, por la crisis económica de los años treinta y por una fuerte inestabilidad política. Como consecuencia de estos desarrollos el proceso de globalización y de movilidad de los factores se detuvo a la vez que las políticas migratorias se volvieron más restrictivas. En efecto, contrariamente a la relación positiva entre globalización y flujos migratorios verificada entre 1880 y 1913, la “Segunda Ola de Globalización” experimentada en el último cuarto del siglo XX ha estado acompañada de esquemas restrictivos a la entrada de extranjeros, especialmente en los países desarrollados.

Si bien en la actualidad existe una alta movilidad internacional de quienes poseen un elevado nivel de capital humano y financiero, situación favorecida por las escasas restricciones en materia migratoria hacia estos grupos, no sucede lo mismo con los trabajadores pobres y menos educados quieren se enfrentan frecuentemente a situaciones de exclusión y marginación, lo que se traduce en mercados laborales internacionales fuertemente segmentados.

En el gráfico 1 se muestran los ciclos migratorios de Argentina

El auge del modelo agro-exportador posibilitó un fuerte dinamismo en la producción agropecuaria y en las actividades de apoyo en las ciudades, actividades que en conjunto requerían importantes volúmenes de mano de obra extranjera dada la escasez relativa de fuerza de trabajo local. Los incentivos para migrar, por ende, no sólo se originaban en los diferenciales salariales sino, también, en las mejores expectativas de trabajo que ofrecía el país. En efecto, el acelerado crecimiento económico implicó una expansión importante del empleo en el ámbito rural y en el urbano. Esta situación se correspondió con un fuerte dinamismo en la evolución de las remuneraciones tanto en términos reales como en relación a las de los países europeos. Cortés Conde (1979) estima que los salarios reales de los trabajadores urbanos no calificados y rurales se elevaron a una tasa anual del 2.5% entre 1883 y 1899, acompañando el fuerte aumento de la productividad de la mano de obra del sector agropecuario. En un mercado laboral relativamente integrado, ello se tradujo, también, en aumentos en las remuneraciones de los empleos urbanos (Beccaria, 2005). Todo esto hacía que los salarios que se abonaban en el país fueran elevados en relación a los de los países europeos, especialmente de Italia, España y, en menor medida, de Francia.

En el Gráfico 2 se muestra la brecha de salarios favorable a Argentina,