RECOMANACIONS

Des del 16 d’Octubre de 2017 hi han a Espanya polítics en presó i exiliats, per causa de la seva acció política, pacífica i no violenta.

diumenge, 30 d’agost del 2015

POR CONSIGUIENTE, FELIPE

Felipe González publica en portada del El País, una carta o article dirigit als catalans. La reprodueixo a continuació, amb els meus comentaris personals. Només un resum dels meus sentiment després de llegir-la: un dels més grans problemes del conflicte actual entre Catalunya i Espanya és el diferent marc mental, el diferent frame polític que existeix entre les dues parts. Em desconsola també el constatar el baix nivell intel·lectual i argumental que es dona per part d’Espanya. Amb enfocs diferents i en base a tòpics, no ens en sortirem. 
    
A los catalanes
Hace casi dos décadas que salí de la presidencia del Gobierno de España. No tengo responsabilidades institucionales ni de partido. He recuperado la sencilla condición de ciudadano, aunque en todo momento comprometido con nuestro destino común. Por ese compromiso con España, espacio público que compartimos durante siglos, me dirijo a los ciudadanos de Cataluña para que no se dejen arrastrar a una aventura ilegal e irresponsable que pone en peligro la convivencia entre los catalanes y entre estos y los demás españoles.
¿Querer votar es ilegal? ¿Ejercer el derecho de manifestación es irresponsable? ¿Qué quiere decir o insinuar con la frase “pone en peligro la convivencia”? ¿Es una amenaza?
Siempre he sentido gratitud por vuestro apoyo permanente y mayoritario para la tarea de gobierno. Siempre, incluso cuando este apoyo era declinante en el resto de España. Y gracias a esta sintonía he podido representaros con orgullo, como a todos los españoles, en Europa, en América Latina y en el mundo. Con vuestra confianza hemos progresado juntos, durante muchos años, superando la pesada herencia de la dictadura, consolidando las libertades, sentando las bases de la sociedad del bienestar y reconociendo, como nunca antes en la historia, la identidad de Cataluña y su derecho al autogobierno.
Efectivamente en Catalunya el PSC-PSOE ha tenido una gran fuerza electoral. De hecho todas las mayorías socialistas en el Parlamento español se han basado en muy buena parte en grandes resultados en Catalunya. Sin los votos al socialismo de Catalunya, Rajoy hubiera ganado las elecciones a Zapatero. Y ahora esto no pasa, pero Felipe no se pregunta por qué los votos al PSC han pasado de casi un 38% en 1999 a menos de 15% en 2012.
He creído y creo que estamos mucho mejor juntos que enfrentados: reconociendo la diversidad como una riqueza compartida y no como un motivo de fractura entre nosotros. Para mí, España dejaría de serlo sin Cataluña, y Cataluña tampoco sería lo que es separada y aislada.
Felipe sigue nombrando la “diversidad” y sólo le falta el añadido “entre los hombres y las tierras de España” como decía el NODO y la televisión franquista. El problema no es de diversidad sino de reconocimiento como sujeto político, como nación; es decir Felipe concibe a España como estado unitario, sin ningún carácter plurinacional.
La idea de “desconectar” de España, como propone Artur Mas, en un extraño y disparatado frente de rechazo y ruptura de la legalidad, tendría unas consecuencias que deben conocer todos:
Otro tópico dominante en el ámbito español: lo que está pasando es una propuesta, una locura, personal de Artur Más. ¿Nadie le ha explicado que el proceso ha sido al revés? Que fue Más (y otros) que cuando se vio desbordado por la amplitud de la manifestación del once de setiembre de 2012, para no ser arrinconado, ha intentado ponerse al frente de la marea para intentarla liderar. ¿No aprovechó nada de la conversación que tuvo con Mas en el programa de Jordi Evole?
— Desconectarían de una parte sustancial de la sociedad catalana, fracturándola dramáticamente. Ya se siente esa fractura en la convivencia, y se empiezan a oír voces de rechazo a los que no tienen “pedigrí” catalán. Esos ciudadanos catalanes se sienten hoy agobiados porque se está limitando su libertad para expresar su repudio a esta aventura, porque le niegan o coartan su identidad —catalana y española— que viven como una riqueza propia y no como una contradicción.
En el segundo párrafo de su escrito, González pone en valor la “consolidación de las libertades” tras la dictadura. Estas libertades de expresión, asociación, opinión, siguen vigentes en Catalunya bajo el amparo de la Constitución Española. En Catalunya se oyen, ven y leen la mayoría de los medios de comunicación de ámbito “nacional”, o sea español. Sigue con los tópicos ¿Dónde siente Felipe la fractura de la convivencia? Quizás en el mismo lugar que ya hace tiempo la detectó el inefable Ministro del interior, en las comidas de Navidad. ¿O se refiere a incidentes como el ocurrido en Madrid el pasado once de setiembre cuando grupos de extrema derecha reventaron un acto institucional de la Generalitat de Catalunya? (por cierto alguno de los asaltantes era familiar de un ministro en activo)
Por otro lado, González no oye, o no quiere oír, la inmensa mayoría de opiniones favorables a un proceso que no se basa en la identidad sino en la inclusión, no en la raza o el origen sino en la ciudadanía actual. Eso sí, si algún “brétol” (que haberlos hay los), dice una tontería, se eleva la anécdota a categoría, y el sr. González habla de exigencias de pedigrí, paso previo a introducir el concepto de raza.
Tampoco escuchó en su día a José Montilla (por cierto ciudadano que según González no tiene “pedigrí” catalán) que mientras fue presidente de la Generalitat mantuvo un mensaje constante en sus discursos y artículos dirigidos al ámbito español, avisando del riesgo de desafección de Catalunya hacia España si el Constitucional inhabilitaba el Estatut. Ni él ni otros socialistas le hicieron caso. 
— Desconectarían del resto de España, rompiendo la Constitución, y por ello el Estatuto que garantiza el autogobierno, y la convivencia secular en este espacio público que compartimos. En el límite de la locura, empiezan a ofrecer ciudadanía catalana a los aragoneses, valencianos, baleares y franceses del sur. Hemos pasado épocas de represión de las diferencias, de los sentimientos de pertenencia, de la lengua, pero desde hace casi cuatro décadas, con la vuelta de Tarradellas, entramos en una nueva etapa de reconocimiento de la diversidad y de construcción del autogobierno más completo jamás habido en Cataluña.
Más de lo mismo. Se aferra a una (sola) declaración impresentable de un Conseller, y se diagnostica nada menos que una situación de locura. Por cierto, cuando Felipe nombra a Tarradellas, ¿tiene presente que su vuelta fue un acto político del Gobierno Suarez que forzó al máximo la legalidad entonces vigente para acabar reconociendo la legitimidad ¡republicana! de la Generalitat?. Ante un gran problema, una manifestación de medio millón de personas en 1977, el Gobierno español de entonces actuó políticamente. No como pasa ahora
— Desconectarían de Europa, aislando a Cataluña en una aventura sin propósito ni ventaja para nadie. ¿Imaginan un Consejo Europeo de 150 o 200 miembros en la ya difícil gobernanza de la Unión? Porque ese sería el resultado de la descomposición de la estructura de los 28 Estados nación que conforman la UE. ¿Imaginan al Estado francés cediendo parte de su territorio para satisfacer este nuevo irredentismo? Nadie serio se prestará a ello en Europa y, menos que nadie, España, que tanto luchó por incorporarse y participar en la construcción europea, tal como es, con su diversidad y, por cierto, con el máximo apoyo de Cataluña.
Felipe mete ahora miedo al resto de Estados. Porqué si Catalunya solicita un referéndum legal para consultar su voluntad –o no- de independencia, esto traería como consecuencia que cada estado actual de Europa se dividirá por 7 de promedio. Si en Escocia hubiera ganado el Sí al referéndum, ¿estaría Europa organizándose en 200 estados?
En referencia al máximo apoyo que ha tenido en Catalunya a la integración en Europa, tiene razón Felipe: en Catalunya siempre hubo y hay una gran vocación europea. Durante mucho tiempo la idea de Europa era la que nos podía librar de ser regidos por una dictadura militar. Y continua siendo un ideal, de forma que la reivindicación de ser nuevo estado, se expresa en los términos de “ser un nuevo estado europeo”
— Desconectarían de la dimensión iberoamericana (que tanto valor y trascendencia tiene para todos) y especialmente de Cataluña porque este vínculo se hace a través de España como Estado nación y de la lengua que compartimos con 500 millones de personas —el castellano—, como saben muy bien los mayores editores en esta lengua, que están en Barcelona.
Desde una posición crítica con los nacionalismos (no estatales) Felipe se abraza al tipo de nacionalismo identitario, al considerar que por el hecho de tener como lengua propia el catalán, la Catalunya independiente no podría seguir liderando  la edición en castellano. Identifica pues nación con lengua, lo cual no deja de ser coherente con el nacionalismo español más clásico. Supone igualmente que el castellano no sería oficial en una Catalunya independiente, lo cual está por ver, aunque sólo fuera por utilitarismo puro: no se puede renunciar al conocimiento y dominio de una lengua tan importante como el castellano.
Naturalmente afirman lo contrario: “Solo queremos desconectar de España”. ¿De qué España? ¿La que excluye también Aragón, Valencia y Baleares? Los responsables de la propuesta saben que lo que les estoy diciendo es la verdad, si se cumpliera ese “des-propósito”. En realidad tratan de llevaros, ciudadanos de Cataluña, a la verdadera “vía muerta” de la que habla Mas, en un extraño “acto fallido”. Vivimos en la sociedad más conectada de la historia. La revolución tecnológica significa “conexión”, “interconexión”, todo lo contrario a “desconexión”. Cada día es mayor la interdependencia entre todos nosotros: españoles de todas las identidades, europeos de la Unión entre 28 Estados nación, latinoamericanos de más de 20 países, por no hablar de nuestros vecinos del sur o del resto del mundo. Pregunten a sus empresas, las que crean riqueza y empleo por esta desconexión.
No entiendo mucho este espeso párrafo. Efectivamente con la globalización hay cada día más interdependencia. Y la posición de muchos catalanes es favorable a ser independiente en España y federalista en Europa; deduzco que no aprovechó mucho sus conversaciones con Pasqual Maragall.
La propuesta que hace esa extraña coalición unida solo por el rechazo a España, sea cual sea el resultado de la falseada contienda electoral, puede ser el comienzo de la verdadera “vía muerta”. ¿Cómo es posible que se quiera llevar al pueblo catalán al aislamiento, a una especie de Albania del siglo XXI? El señor Mas engaña a los independentistas y a los que han creído que el derecho a decidir sobre el espacio público que compartimos como Estado nación se puede fraccionar arbitraria e ilegalmente, o que ese es el camino para negociar con más fuerza. Comete el mismo error que Tsipras en Grecia, pero fuera de la ley y con resultados más graves.
A las elecciones no se presenta sólo esa “extraña coalición”, hay todas las opciones posibles, desde el españolismo radical de derechas representado por el PP al independentismo de izquierdas de la CUP. Hay opciones, habrá campaña electoral, libertad de opinión y de voto ¿en base a qué habla de “falseada contienda electoral”? Las elecciones son autonómicas y si acaban teniendo carácter de referéndum será porque el Parlamento y el Gobierno español impidieron una consulta legal.
Vuelve a insistir centrando el protagonismo –y el liderazgo- en Más, quizás porqué es más fácil de resolver una petición, idea o locura de una persona, que la de un gran conjunto de ciudadanos. La verdadera idea del concepto de España para Felipe se vuelve a traslucir cuando la define como Estado nación (implícitamente como una grande y libre) y no como nación de naciones.
Lo de comparar con Albania y Grecia podría haber sido peor, lo podría haber hecho con Corea del Norte, Venezuela o el ISIS. No hay argumentación, sólo desdén y amenaza.   
¿Qué pasó cuando se propuso a los griegos una consulta para rechazar la oferta de la Unión Europea y “negociar con más fuerza”? Después de que más del 60% de los griegos lo creyeran, Tsipras aceptó condiciones mucho peores que las que habían rechazado en referéndum, con el argumento, que sabían de antemano, de que no tenían otra salida. ¿Sabían que no había otra salida y engañaron a los ciudadanos?
Felipe: ¿y que pasó con Grecia para que la Troika le impusiera unas condiciones tan draconianas? ¿Por qué no hubo, como defendían algunos, incluido el FMI, una quita parcial de la deuda? ¿Que pasó con Grecia que no pasa en Ucrania? Anteayer este país obtuvo de sus países acreedores (excepto Rusia) una quita del 20% de su deuda; ¿por qué Grecia no?
Pueden creerme. No conseguirán, rompiendo la legalidad, sentar a una mesa de negociación a nadie que tenga el deber de respetarla y hacerla cumplir. Ningún responsable puede permitir una política de hechos consumados, y menos rompiendo la legalidad, porque invitaría a otros a aventuras en sentido contrario. Todos arriesgaríamos lo ya conseguido y la posibilidad de avanzar con diálogo y reformas.
¿Y qué hacemos? Llevamos más de tres años de proceso sin que nadie en el estado español haya ofrecido una propuesta política concreta para encauzar y resolver el problema. El sr. González se junta al sr. Rajoy exigiendo el respeto a la legalidad y al estado de derecho; a un marco jurídico que los poderes reales no tienen ninguna intención de modificar. En un artículo reciente Jordi Borja* decía “La conquista de los derechos es un proceso gradual con momentos críticos fuertes. Es la lógica inherente a la democracia. El marco jurídico-político está sometido permanentemente a cuestión. Cuando la exigencia de nuevos derechos o de exigencias mayores respecto a su eficacia real se acumulan y el Estado de derecho no las asume ni satisface entonces, y en nombre de la democracia, la ciudadanía o “el pueblo” tiene derecho a la insurrección. Se produce una crisis política  que puede derivar en una revolución democrática para establecer nuevos derechos, nuevos procedimientos y nuevas políticas públicas”
Eso es lo que necesitamos: reformas pactadas que garanticen los hechos diferenciales sin romper ni la igualdad básica de la ciudadanía ni la soberanía de todos para decidir nuestro futuro común. No necesitamos más liquidacionistas en nuestra historia que propongan romper la convivencia y las reglas de juego con planteamientos falsamente democráticos.
Expresa en este párrafo el núcleo duro del pensamiento felipista y de los defensores de la Constitución actual: Igualdad y soberanía común de todos los españoles, ciudadanos de un estado nación unitario. Constato que González no nombra en todo su escrito ni una sola vez la palabra “federal”, no existen para él pues ni pactos (etimología de federación), ni unidades constituyentes. Sólo ciudadanos.
Si la reforma de la ley electoral catalana no ha podido aprobarse porque no se da la mayoría cualificada prevista en el Estatuto, ¿cómo se puede plantear en serio la liquidación del mismo Estatuto y de la Constitución en que se legitima, si se obtiene un diputado más en esa lista única de rechazo? ¿Cómo el presidente de la Generalitat va en el cuarto puesto, como si necesitara una guardia pretoriana para violentar la ley?
En este punto estoy en buena parte de acuerdo con González: si hay un referéndum vale la mayoría de votos; si hay elecciones a representantes, creo necesarias las mayorías cualificadas. En cuanto a la lista única, mi opinión es que ha sido una imposición de Más, para no tener que presentarse a unas elecciones bajo las siglas de su propio partido, y no tener que correr el riesgo de pasar a la historia como el Presidente que cogió a su partido con 62 diputados y lo dejó en la mitad al cabo de 5 años.
Felipe podría también valorar qué ha hecho su partido, en España y en Cataluña, para pasar de los 52 diputados en 1999 con Maragall a posiblemente menos de 15 en las próximas.
Es lo más parecido a la aventura alemana o italiana de los años treinta del siglo pasado. Pero nos cuesta expresarlo así por respeto a la tradición de convivencia de Cataluña. El señor Mas sabe que, desde el momento mismo que incumple su obligación como presidente de la Generalitat y como primer representante del Estado en Cataluña, está violando su promesa de cumplir y hacer cumplir LA LEY. Se coloca fuera de la legalidad, renuncia a representar a todos los catalanes y pierde la legitimidad democrática en el ejercicio de sus funciones.
¿“Tu quoque Felipe”? Tú también -como si fueras un tertuliano de la caverna- haciendo comparaciones, de Catalunya con la Alemania nazi y la Italia fascista. Siento verdadera pena. Te voté muchos años, porque ofrecías, o eso me creí, una capacidad política y de percepción de la realidad muy diferente.
No estoy de acuerdo con el inmovilismo del Gobierno de la nación, cerrado al diálogo y a la reforma, ni con los recursos innecesarios ante el Tribunal Constitucional. Pero esta convicción, que estrecha el margen de maniobra de los que desearíamos avanzar por la vía del entendimiento, no me puede llevar a una posición de equidistancia entre los que se atienen a la ley y los que tratan de romperla.
Para que no se diga que González no es un buen socialista, palo final a gobierno del PP. Pero en todo el artículo ni una propuesta política concreta, ni una vía de negociación, ni un análisis con un mínimo de empatía hacia los millones de catalanes que llevan años manifestándose pacíficamente y pidiendo sólo poder votar.
No creo que España se vaya a romper, porque sé que eso no va a ocurrir, sea cual sea el resultado electoral. Creo que el desgarro en la convivencia que provoca esta aventura afectará a nuestro futuro y al de nuestros hijos y trato de contribuir a evitarlo. Sé que en el enfrentamiento perderemos todos. En el entendimiento podemos seguir avanzando y resolviendo nuestros problemas.
Felipe, como Sandro Rey, sabe el futuro. Pues yo reconozco que no.
JL Campa

* Jordi Borja. Democracia, insurrección ciudadana y Estado de derecho. La Maleta de Portbou. Nº 12. Barcelona. Julio 2015