Per explicar el concepte del títol, aprofito
part d’un treball que vaig fer al primer curs de carrera (2011), donada la seva
vigència actual:
Colin Crouch define
la Posdemocracia, como el estado actual de evolución del proceso democrático en
el que, guardándose las formas de los sistemas liberal-democráticos
(elecciones, cambios de gobierno, partidos, parlamentos), la política pasa a
ejercerse entre los gobiernos y unas élites empresariales y de profesionales
expertos, de forma oculta y no controlada.
El concepto de Posdemocracia
de Crouch explica de forma muy clara características de las democracias
actuales. En realidad me ha sorprendido que no sea un término o concepto más
usado y extendido en la sociedad y los medios de comunicación. Quizás la razón
para ello la hemos de buscar en parte del propio razonamiento de Crouch, cuando
advierte de la actuación de los grupos de presión: no conviene popularizar el
concepto de posdemocracia ya que de ninguna manera mejora a la democracia sin
prefijos ni adjetivos.
Aplicándolo a
España se puede observar que el sistema actual tiene mucho de posdemocracia:
Existen
elecciones; las campañas no sirven para debatir sino para transmitir mensajes
cortos –publicitarios- en las conexiones de los telenoticias; cuando hay algún
debate televisado, antes del mismo hay una batalla entre los asesores de imagen
que discuten desde la temperatura del plató a la altura de las mesas; el asesor
de cabecera del jefe de la oposición, es un sociólogo especialista en análisis
de encuestas, que hace que en función de los resultados de las mismas se lance
un mensaje o su contrario.
La corrupción
(pública y privada) no es castigada de forma proporcional por los electores:
tras un escándalo como el del Palau, que incluye la financiación ilegal de los
partidos políticos, las elecciones las ha ganado el partido más relacionado con
el caso; el caso de transfuguismo en la Comunidad de Madrid dio la mayoría
absoluta al partido beneficiado por los tránsfugas.
La ideología
dominante, la publicada, defiende los intereses de las empresas y los lobbies y
las élites tienen fuerza sobre los gobiernos: en época de recortes drásticos se
ha aprobado una subvención a las autopistas de peaje o se va suprimir el
impuesto sobre sucesiones que sólo aplica a casos de personas con grandes
patrimonios (por cierto, se suprimió el impuesto sobre patrimonio)
La crisis de
los partidos, y su evolución hacia organizaciones de élites especialistas
ligadas a los intereses de las empresas es otro aspecto del que hay signos
evidentes en España. Ello se relaciona con el desencanto, las bajas
participaciones y la mala opinión sobre los políticos.
Igualmente
Crouch explica, como relación causa efecto, que la posdemocracia lleva al
incremento de las desigualdades y la disminución del estado del bienestar. La
realidad le está dando la razón: la diferencia salarial en las empresas ha
pasado de una relación de 1 a 30 a 1 a 500 (El Pais 30/1/2011), la prevista
reforma de las pensiones las disminuye en el futuro y eleva los años de
cotización, los recortes futuros pueden ser sobre sanidad y educación.
Me parece muy
interesante –por atinada- la paradoja del capitalismo cuya teoría busca un
mercado perfecto donde los individuos actúen libremente y cuya práctica (si no
existe una correcta regulación por los poderes públicos) lleva a la formación
de oligopolios y monopolios. Ello enlaza con la crisis actual -que se puede
explicar en base a consideraciones de Crouch- que llegó tras la desregulación
de los sistemas bancarios, la no limitación a los movimientos de capital
especulativo y la preeminencia de los intereses de las empresas. Una vez
evitado el crack bancario mediante la aportación de dinero público, los poderes
de las élites han negado a los gobiernos la capacidad de regular y de imponer
tasas a los movimientos de capital. ¿Quién tiene más poder ahora: los gobiernos
o “los mercados”? concepto este al que puede aplicarse la frase de poder “entre
bambalinas”, oculto y difícil de concretar.
Creo que el
autor olvida en sus últimas consideraciones, cuando describe la incapacidad a
largo plazo del capitalismo de conseguir el equilibrio, un factor que en mi
opinión fue importante para que el capitalismo industrial llegara al pacto
tácito que dio lugar al estado del bienestar: tras la segunda guerra mundial,
el capitalismo tenía una alternativa (el socialismo), el mundo era bipolar
(había un este y un oeste) y al menos en teoría había capacidad de elección.
Ahora no hay alternativa al capitalismo, y aplicando su propia lógica de
mercado, si no hay competencia es que hay monopolio; Y el que lo tiene lo
ejerce y no tiene incentivo para cambiar.
Las
conclusiones me parecen razonables, orientadas por el deber ser y un cierto
optimismo pero es evidente que están hechas hacia mediados de la década pasada.
Coincido con que hay que regenerar la democracia desde los propios partidos
políticos, en constituir grupos de presión y en estar atentos a los nuevos
movimientos sociales para que sean germen de nuevas formas democráticas.
La magnitud del
desafío para regenerar la democracia contemporánea es enorme.
JL Campa
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