Ahir
en El País hi havien diverses interpretacions sobre el problema d’Espanya i
Catalunya i totes elles eren interesants.
L’editorial
situava un cop més al diari en un punt contrari al procés, coincident amb l’enfoc
del govern d’Espanya sobre el tema de fons (que nega a Catalunya la categoria
de subjecte polític), contrari a l’actitud del mateix govern de no oferir cap alternativa,
i sobre tot molt crític amb Artur Mas.
L’editorial
és una mostra més del posicionament conservador del diari en relació a l’establishment
en el sistema polític espanyol. Hi ha frases que podria escriure l’ABC: “es un asunto de Estado, no solo un criterio del Gobierno,
y detrás de ella se encuentran todos los que creen en el imperio de la ley”, “es
de todo punto inaceptable la postura de no acatar las leyes, empezando por la
Constitución”, “la soberanía del pueblo español, amparada por la Constitución”,
“aunque formalmente sea verdad que Cataluña es una autonomía como otras”. Per cert, la última frase pot considerar-se anticonstitucional,
al no reconèixer la diferència entre nacionalitats i regions.
En
un sentit contrari diu “algo ocurre cuando cientos de miles de catalanes se manifiestan una y otra
vez por la independencia y piden votar para dejar clara su postura”, “la
Constitución no se defiende con inmovilismo, sino renovándola”, “El reto es
volver a incluir a importantes corrientes de la sociedad catalana en el proyecto
común”.
Els
conceptes que m’agradaria llegir en un editorial d’un diari espanyol, progressista
i d’esquerres (el que ja no és el País) són els de l’article de Enric Company. Per
que reconeix els dos problemes de fons: el reconeixement de Catalunya com
subjecte polític i el greu problema institucional que hi ha a Espanya.
“la posición del Gobierno de España en el contencioso constitucional
formalmente abierto por las instituciones autónomas catalanas cuando aprobaron
su declaración de soberanía, en enero de 2013, es remitirles una y otra vez a
lo que decidan los 47 millones de ciudadanos españoles. En su lenguaje, la
Nación. Una nación, un Reino”, “A Rajoy ni se le ocurre referirse a Cataluña
como nacionalidad, ni en el sentido en el que figura en la Constitución. Y si
tiene que haber un consentimiento, sería el de los 47 millones. Ningún otro”, “el
catalanismo formó parte de la vanguardia democrática que en 1978 arrancó en
España el pacto constitucional a los herederos del franquismo. De manera que
puede decirse que hubo un consentimiento nacional catalán a estar en esta unión
estatal espanyola”, “el modelo constitucional está también en crisis, en
Cataluña y fuera de ella, porque existe una igualmente amplia y aguda
percepción de que sus gestores se han apropiado de las instituciones y no
gobiernan en función de los intereses de la mayoría, sino en los de los grandes
conglomerados económico-financieros”, “Cada día hay elementos que acrecientan
este aborrecimiento y las consiguientes ganas de pertenecer a otra sociedad
política. En España como en Cataluña”
L’article
de Jean Leclair, catedràtic a Montreal, és un anàlisi a distància del problema
de les relacions entre Espanya i Catalunya amb un enfoc contrari a la
independència de nacions que pertanyen a països democràtics i lliures, a la
celebració de referèndums i a la presa de decisions per majories ajustades. Però
des d’un enfoc federal introdueix una visió interesant, en tant postula que les
organitzacions federals poden ser no uniformes per garantir així la unitat del
conjunt, i que els governs federals han de ser compartits amb les unitats
federades: “¿por qué iban a ser necesarios unos seísmos referendarios para obligar a
los jefes políticos de los Gobiernos centrales federales a reconocer que la
unidad no se realiza únicamente en la uniformidad y que una verdadera autonomía
política regional es el medio más seguro para garantizar la unidad nacional?”, “Un
Estado central federal debe evitar confundir firmeza con intransigencia”, “la
estabilidad de los Estados federales o cuasi federales no se basa únicamente en
el reconocimiento constitucional de la autonomía de las regiones. También reside
en el establecimiento de instituciones parlamentarias (en Madrid y Ottawa) que
estén en condiciones de actuar como foro de debates interregionales. En
resumen, si estas instituciones no están en condiciones de reflejar la
diversidad regional, el sistema está en peligro. En Canadá, y muy probablemente
en España, lo que amenaza actualmente esta dinámica es la concentración
inmoderada de poder en manos del Ejecutivo, que puede gobernar sin tener en
cuenta la opinión de nadie, y tampoco la de las regiones”, “El deseo de
separarse, en Quebec y en Cataluña, tal vez tenga menos que ver con la
existencia de una esencia quebequense o catalana fundamentalmente distinta que
con un déficit federal de las instituciones centrales”
Victòria
Camps, per últim, aporta que en una veritable negociació ningú ho guanya tot,
sinó més aviat tothom acaba una mica insatisfet. Defensa també que un
referèndum constitucional no es pot resoldre amb una majoria exigua, doncs
citant a M Keating, “Gobernar un país con una Constitución que solo apoya el 50% es imposible”. Es tracta d’un dels criteris marcats pel Tribunal
Suprem del Canadà per a fer un referèndum al Quebec, i que aquí a Espanya seria
bo aplicar-la en cas d’una reforma constitucional com la que sembla vol proposar
el PSOE: ¿Quina legitimitat tindria una nova Constitució feta en bona part per
resoldre l’encaix de Catalunya a Espanya, que no fos votada majoritàriament a
Catalunya?
Ahir
va donar gust llegir El País
JL
Campa
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