Faig un resum del mes rellevant del que diuen al meu parer:
KRUGMAN
Según cálculos de los economistas Thomas Piketty y
Emmanuel Sáez, la parte correspondiente a las rentas más altas sufrió un golpe
durante la Gran Recesión, cuando cosas como las plusvalías o las primas de Wall
Street decayeron temporalmente. Pero los ricos han vuelto con fuerza, hasta el
punto de que el 95% de los ingresos de la recuperación económica desde 2009 han
ido a parar al famoso “1%”. De hecho, más del 60% fue al 0,1% de la población
con los ingresos más altos, gente cuyas rentas anuales superan los 1,9 millones
de dólares.
Básicamente, mientras que la gran mayoría de
estadounidenses vive aún en una economía deprimida, los ricos han recuperado
casi todas sus pérdidas y siguen avanzando posiciones.
Estas cifras deberían acabar por fin con las
pretensiones de que la desigualdad creciente se debe tan solo a que a los que
tienen un mejor nivel de instrucción les va mejor que a los menos preparados.
Solo una pequeña parte de los licenciados universitarios accede al selecto
círculo del “1%”, mientras que muchos jóvenes con un alto nivel de formación
—la mayoría, incluso— están pasando por momentos muy difíciles. Tienen sus
títulos, con frecuencia conseguidos a costa de adquirir deudas importantes,
pero una gran parte de ellos siguen sin empleo o están subempleados, mientras
que muchos más descubren que acaban realizando trabajos en los que no hacen uso
de sus costosos estudios
La concentración creciente de la renta en las
clases más altas está socavando todos los valores que definen a Estados Unidos.
Año tras año nos vamos apartando de nuestros ideales. Los privilegios heredados
están desplazando a la igualdad de oportunidades, y el poder del dinero está
ocupando el lugar de la verdadera democracia.
¿Qué podemos hacer, entonces? Por el momento,
un cambio como el que tuvo lugar durante el New Deal —una transformación que
creó una sociedad con una clase media, no solo mediante programas
gubernamentales, sino aumentando considerablemente el poder de negociación de
los trabajadores— parece estar políticamente fuera de alcance. Pero esto no
significa que haya que renunciar a avances más limitados, a iniciativas que al
menos puedan contribuir en algo a igualar las reglas del juego.
Lo que habría que hacer: cobrar impuestos a
los ricos cada vez más ricos, aunque sea un poco, para que los hijos de los
menos favorecidos también tengan oportunidades. La desigualdad extrema sigue
aumentando, y está envenenando a nuestra sociedad.
PIKKERTY i SAEZ
Com es veu en el gràfic, el 10% de la població amb majors ingressos concentrava
entre 1925 i 1940 de l’ordre del 45% de la renda. Amb el new deal, la segona guerra
mundial, en l’època de la Golden Age, aquest percentatge es va situar per sota
del 35%. Amb el triomf dels reaganomics
i de la ideologia neoliberal conservadora, de mica en mica aquest 10% de
la població va anar concentrant rendes fins arribar quasi al 50%. Rellevant que
la gran crisi financera de 2007 la han superat ja en només dos anys, on no han
baixat mai del 46%.
Mirant el detall d’aquest primer decil, s’evidencia que el segment que
concentra i millora més la seva part és el de l’1%, que a partir de 1980 dobla
la seva participació, mentre que els grups que signifiquen l’1,5% i 5-10% es
mantenen constants o guanyen molt poc. En
altres paraules: el sector que representa l’1% de majors rendes als estats
Units augmenta la seva concentració de riquesa (a costa d’altres sectors
socials)
A COSTAS
En mi opinión, la desigualdad es el factor
potencialmente más peligroso para el funcionamiento del capitalismo y de la
democracia. Lo relevante de la desigualdad actual no es su existencia, sino la
magnitud que ha alcanzado.
Como economista puedo encontrar algunas
razones para aceptar una cierta desigualdad, pero no conozco ningún argumento
económico que justifique los niveles actuales. Al contrario, hay muchas razones
para temer sus consecuencias. Mencionaré cuatro, para las que hay evidencia
empírica concluyente.
Primera. La desigualdad hace a las economías
de mercado maniacodepresivas, volátiles e inestables. La razón es que la
desigualdad reduce el consumo de amplias capas sociales; y sin consumo de
masas, el capitalismo no funciona bien.
Segunda. La desigualdad polariza la sociedad
en dos grupos, no solo de renta, sino también de expectativas de futuro. El
resultado es un aumento del malestar y de los conflictos sociales . Esto hace
imposible la existencia del contrato social que toda sociedad necesita para
funcionar.
Tercera. La desigualdad, en la medida en que
es un caldo de cultivo propicio para de todo tipo de extremismos y populismos,
es lesiva para la democracia. En esta situación, la tentación
tecnocrática-totalitaria de las élites aflora rápidamente. En la Europa del
euro hemos comenzado a ver síntomas de esta tentación.
Cuarta. La desigualdad corrompe los
sentimientos morales y los fundamentos éticos que requiere una sociedad de
mercado. La desigualdad extrema hace que los muy ricos se sientan diferentes a
usted y a mí. Surge así una moral nihilista donde todo vale.
¿Hay remedio? Preguntémonos qué es lo que
caracteriza al capitalismo, ¿la desigualdad extrema que estamos viendo o la
igualdad relativa de mediados de siglo? Algunos comienzan a decir que esa era
de igualdad fue un sueño que no volverá. Pero deberíamos resistirnos a esta
conclusión derrotista y peligrosa.
Enllaços als articles citats:
Krugman


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