Existe una nueva religión
absoluta del crecimiento, el comercio, la santidad de la deuda y de los
contratos comerciales, con la que intentan hacernos creer lo inteligentes que
son los políticos y lo estúpidos que somos los demás. Da igual lo mala que sea
la situación actual, ellos siguen aplicando las mismas recetas, haciendo lo
mismo. Eso es lo que se está haciendo en España y en todas partes. El sistema
avanza en la misma dirección. Los problemas que hay se están agravando. Nadie
reconoce cuál es el auténtico problema. El crecimiento no nos va a sacar de donde
estamos; la austeridad, tampoco. Veremos cómo resisten todo esto las
democracias. Están poniendo la democracia en peligro.
La globalización ha
conducido a lo opuesto de lo que prometía. Prometió competencia, y ha causado
el regreso a los oligopolios; prometió renovación del capitalismo, y ha
supuesto la vuelta al mercantilismo; prometió el final del nacionalismo feo
[sostiene que también hay un nacionalismo positivo], y ha traído la era más
nacionalista desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Prometió crecimiento,
no tenemos crecimiento; prometió empleo, no tenemos empleo… y así se puede
seguir con la lista. Nada de lo prometido ha ocurrido.
Bankia: Una buena política
habría sido, por ejemplo, que el Gobierno anunciase que pagaría todas las hipotecas
hasta una cantidad determinada, pongamos 300.000 euros. Das el dinero a la
gente que está en su casa y que tiene una hipoteca, y de hecho salvas a los
bancos: es el ciudadano el que da el dinero a los bancos al cancelar su
hipoteca. De pronto, la gente ya no tiene deudas y puede gastar lo que gana.
Así es como se crea una clase propietaria y además se relanza la economía. Es
tan simple.
La política económica es
intentar mover las cosas en una buena dirección. No significa hacer exactamente
lo mismo en cada sitio, ni significa que tengas que hacerlo todo a la vez.
La clase directiva del
sector privado ha conseguido, presionando a los Gobiernos, regulaciones que han
convertido el fraude en algo legal ... han
usado su influencia para cambiar el sistema impositivo en todos los países para
no tener que pagar demasiados impuestos por esos bonus. Eso es fraude.
Probablemente, los dos ejemplos más evidentes de fraude desde la Segunda Guerra
Mundial son: el cambio en las disposiciones de ingresos de los directivos,
fraude evidente hecho legal, y la transferencia de la deuda privada de los
últimos años al sector público.
Los historiadores económicos
son los intelectuales; los macroeconómicos son los semiintelectuales que dieron
forma a las ideas, y luego están las abejas trabajadoras, que trabajan en lo
micro, que no piensan y solo hacen números. Se eliminó a los historiadores
porque, una vez que tienes la verdad, no quieres que el pasado sea examinado.
Promocionaron a los semiintelectuales a los altares. Y elevaron a los que solo
hacen números
En realidad, la
globalización viene de un grupo de gente bastante marginal que tomó unas viejas
ideas de mediados del siglo XIX pasadas de moda. Una de ellas era inglesa: el
comercio libre, y la otra era el capitalismo de bucaneros, que se remonta a
finales del XIX en Inglaterra y Estados Unidos. Unieron las dos cosas y
dijeron: esta es una gran idea. Y no pensaron en las consecuencias de la unión
de esas dos ideas. En la crisis de los años setenta estábamos con excedentes de
producción, no se debía resolver el problema incrementando el comercio, porque
ya había demasiados bienes. Es decir, la solución que encontraron para el
problema era la contraria a lo que se necesitaba. Llevamos 30 años de
abrumadora mediocridad intelectual, sin sentido de la historia, ni imaginación,
ni creatividad, sin pensar qué estamos haciendo y adónde vamos: una gran
banalidad con tremendos resultados.

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