Avui
es fan ressò alguns mitjans de comunicació d’un article a la revista Forbes titulat
“Catalunya i els costos de la Independència”. Com crec que el sr. Runde –autor
de l’article- te un bon nivell de castellà, i per si es dona el cas que em
pogués llegir, faig les meves observacions sobre l’article en castellà.
España es una historia de éxito para la democracia. En efecto, ha
consolidado un sistema democrático liberal desde 1978, pero un poco especial
porque todavía la tumba del general Franco (Valle de los Caídos) forma parte de
los monumentos y del patrimonio nacional; ¿se imagina alguien lo mismo con
Hitler en Alemania?. También hay calles, plazas y monumentos con nombres de
personas relevantes en la dictadura, y víctimas de la represión franquista
enterradas en fosas comunes o cunetas de carretera, que siguen allí –pese a la
existencia de una ley de la memoria
histórica- porque el gobierno del Partido Popular ha negado fondos para su
restitución.
Unidad nacional durante más de 500 años. Uno de los
tópicos del más rancio nacionalismo español. En 1492 se casaron dos reyes, que
no unieron sus reinos. No es hasta la llegada de la dinastía borbónica a
inicios del siglo XVIII que se produce la unificación de los diversos reinos en
un nuevo Estado, que quiere –a imagen de Francia- llegar a ser un
Estado-Nación, pero que fracasa en su proceso de “Nation building”, sobre todo
durante el siglo XIX por la resistencia de las fuerzas conservadoras (élites terratenientes,
Iglesia católica) que sofocan cualquier movimiento liberal y de modernización.
Los catalanes tendrían que asumir una parte significativa de la deuda de
España. Es una verdad a medias. Efectivamente Catalunya debería
asumir su parte alícuota de deuda, pero también debería recibir su parte
alícuota de patrimonio nacional, y –como argumentan los independentistas-
aumentarían los recursos propios al no tener el actual déficit fiscal que
fuentes oficiales sitúan en torno al 8% anual.
Los catalanes deberían encontrar una moneda diferente del euro … España
vetaría la pertenencia catalana a la unión monetaria … dificultades para
conseguir adhesión a la OTAN. El autor es sensible al discurso del Ministro de
Exteriores Español, para quien una Catalunya independiente se “condenaría a vagar
por el espacio sin reconocimiento y a quedar excluida de la Unión Europea por
los siglos de los siglos” (La Vanguardia 10-3-14). Está claro que ningún
proceso de independencia es fácil, pero en el caso de Catalunya y su relación
con la Unión Europea, ¿es factible creer que la Unión expulsaría a 7 millones
de ciudadanos suyos que ya disponen de pasaporte europeo? Recalcar que es
diferente “no admitir” que “expulsar”. Teniendo en cuenta el realismo que
impera en la relaciones internacionales, lo más seguro es que el día después de
la independencia (nunca antes) se encontrará una solución.
Los Escoceses votaron en contra de la Independencia.
Fantástico! Votaron. Tuvieron un proceso de discusión, un periodo de reflexión,
de análisis de los pros y contras, de compromisos políticos. Y después,
pudieron participar y decidieron que continuaban en el Reino Unido. ¿Dónde hay que firmar para poder hacer lo
mismo en Catalunya? ¿Ha nacido ya un David Cameron español?
El catalán se habla en Catalunya, las Islas Baleares, y una región contigua
de Francia. También se habla en la Comunidad Autónoma Valenciana,
con lo que el dominio lingüístico del catalán abarca un territorio con más de
14 millones de personas, en el que un 85/90% al menos lo entiende. Se estima que
el catalán se situaría en el 12º lugar de los 21 idiomas oficiales de la UE,
por delante del portugués, sueco, finlandés y danés.
El actual Parlamento de Cataluña se compone de una mezcla de 3 partidos
nacionalistas y 3 partidos no nacionalistas. Hay 7
partidos o coaliciones electorales, que se pueden dividir en catalanistas y no
catalanistas. De los primeros sólo dos son claramente independentistas (ERC y
CUP) a los que se podría sumar CDC (que forma parte de la coalición CiU
actualmente en el Gobierno); hay dos partidos catalanistas no independentistas
en su totalidad (ICV y PSC) a los que habría que sumar UDC (también parte de
CiU). El bloque españolista lo componen dos partidos (PP y C,s) que no llegan
al 11% de los votos (en 2010).
Bajo el liderazgo del sr Mas … Catalunya ha dado un giro radical … hacia la
independencia. Pues creo es exactamente al revés. Desde el año 2000,
la mayoría absoluta del Partido Popular de José María Aznar comenzó a aplicar
políticas recentralizadoras, y en el periodo de Zapatero se produce el fracaso
del segundo Estatuto de Autonomía que fue aprobado por las Cortes españolas y
ratificado en referéndum por el pueblo catalán, siguiendo todo el marco legal
constitucional, pero que fue recortado por un Tribunal Constitucional con el
40% de sus miembros suspendidos o con su periodo de vigencia vencido. Como
consecuencia de todo ello se produce el giro popular que se inicia sobre todo
en la manifestación del 11 de setiembre de 2012 que concentra a más de medio
millón de personas en Barcelona (la mayoría de fuentes la cifran en un millón).
Sólo después se produce el cambio de los políticos y en concreto del sr. Más,
que antes de verse desbordado por la gente, intenta ponerse al frente del
movimiento.
Debate sobre ¿qué nivel de independencia deben tener las diferentes
regiones? Antes de la muerte de Franco y durante la transición, en
España el grito más usual cantado a coro en las manifestaciones era “Amnistía y
libertad”; en Catalunya era “Llibertat, amnistia i Estatut d’Autonomia”. Sólo
en el País Vasco y Catalunya se reclamaba la capacidad de autogobierno y la
descentralización de competencias políticas. La fuerza de la reclamación, y la
debilidad de la derecha española contaminada por su realidad franquista y no
demócrata, obligaron al reconocimiento de las demandas de autonomía catalana y
vasca. Para diluir su potencial político, bajo el discurso de la igualdad, de
la uniformidad, se inventó el “café para todos” de forma que todas las regiones
españolas, las reales y las inventadas, tuvieron acceso a la capacidad de
autonomía. Se solucionó un problema a corto plazo, pero se generó otro para el
futro, es decir para la actualidad.
Catalunya aprobó abrumadoramente la Constitución española del 78. ¡Naturalmente!
La opción en aquel referéndum era democracia o dictadura, monarquía o
franquismo, futuro o pasado y Catalunya empujó hacia una futura sociedad
democrática y europea. Hay que recordar que –antes de la Constitución- Adolfo
Suarez había restaurado la Generalitat y permitido el retorno personal e
institucional de Tarradellas como Presidente de la misma, de forma que la
Generalitat es la única institución
republicana que sobrevivió al franquismo y tuvo continuidad en su legitimidad
política e histórica. La Constitución fue entendida como el marco que
garantizaría la posibilidad de desarrollo político de Catalunya –y así fue en
buena media hasta finales del siglo XX. Ahora las interpretaciones restrictivas
de la misma la han convertido en un corsé, que recuerda a lo que en el régimen
franquista eran los “Principios Fundamentales del Movimiento” inmutables por su
propia naturaleza.
Las escuelas en Cataluña exigen que todas las asignaturas se enseñen en
catalán, con la excepción de varias horas para aprender español. Frase
de tintes negativos, que es expresada en Catalunya de forma diferente: el
sistema escolar catalán está basado en la no separación por lenguas, en la
lengua catalana como lengua vehicular y con un objetivo político claro y
medible: que al final de la educación básica todos los escolares tengan la
misma capacidad de expresión en catalán que en castellano. Los resultados
escolares –comparados con los del resto del estado- lo avalan y los sociales
también: no hay segregación lingüística.
Catalunya significa el 20% del PIB … y es la región más endeudada … ha necesitado
rescates del gobierno central. Se obvia en la explicación que en el sistema de
financiación de las Comunidades Autónomas, los ingresos dependen en su mayor
parte de las transferencias del Gobierno Central. De hecho se puede decir que
existe autonomía de gasto, pero no hay autonomía de ingresos, excepto en el
País Vasco y Navarra, que tienen sistema propio de Pacto fiscal (precisamente ésta
fue una de las iniciales reivindicaciones de Artur Mas a Mariano Rajoy y
rechazada por éste). Los recortes presupuestarios tras la crisis han sido
asimétricos y han afectado menos a la Administración Central que a las
autonomías que soportan los servicios básicos finalistas como educación, salud,
dependencia. Debe ser un tema muy claro viendo como ejemplo un titular de un
medio tan poco sospechoso como El País del 2-3-12: “El Gobierno carga sobre las
autonomías la mayor parte del recorte”.
Generaciones de jóvenes se han criado en un entorno totalmente catalán, con
énfasis en las escuelas sobre los agravios históricos a los catalanes. El argumento sigue la estela de una buena
parte de los medios de comunicación de Madrid, que repiten las veces que sea
necesario que el separatismo se inculca en las escuelas bajo una presión
insoportable del pensamiento único nacionalista. Si fuera verdad que esto pudiera
hacerse, la Formación del Espíritu Nacional que durante 40 años se impartió en
todos los colegios de España, hubiera dado como resultado el rechazo, por los
votantes crecidos bajo el franquismo, del modelo político democrático. Además, en
la compleja y variada sociedad actual, con la gran cantidad de medios de
comunicación y de accesos a la información ¿alguien puede creer que se puede desde
las escuelas adoctrinar homogéneamente?
La corrupción en la familia Pujol ha hecho retroceder la causa
independentista catalana. El escándalo de Pujol y su familia ha tocado la fibra
de muchísima gente en Catalunya, entre los que le habían votado durante años e
incluso entre los que no. Jordi Pujol era un referente: político de derechas,
demócrata, europeísta, sin apego al dinero y con el gran objetivo de rehacer
Catalunya. Lo peor quizás fue que intentó ser además un referente moral y
ético, aleccionando a todos para que fueran por el "buen camino". Ahora lo ha
perdido todo, sobre todo su herencia para la historia, que siempre estará
marcada por su ocultación fiscal y los escándalos de su familia. Pero deducir
que esto ha afectado al movimiento independentista es mucho suponer, aunque –una
vez más- es lo que piensa y repite acompasadamente la opinión publicada desde
Madrid.
Casi una quinta parte de los residentes de Cataluña son inmigrantes no
españoles. En 2015
hay un millón de inmigrantes, sobre una población total de 7,5 millones, un
14,1% concretamente. Lo más relevante es que quintuplicaron su número entre el
2000, cuando había 200.000, y el 2009. Esta nueva oleada de inmigrantes a
Catalunya (hubo al menos dos más en el siglo XX: la de los años 20/30 y en los
50/60 aunque estas fueron internas de España) vuelve a mostrar la capacidad de
integración de la sociedad catalana, porque si algo se puede afirmar hasta el
momento es que no hay problema social con la inmigración e Catalunya. Quizás a
este posible potencial conflictivo de la inmigración, anterior o reciente, se
refería Aznar cuando amenazó con que “Antes se romperá la unidad de Cataluña
que la de España”
Los partidos políticos nacionales de España no han ayudado con argumentos a
favor de continuar unidos. Efectivamente, no hay argumentos, empatía, captación,
atractivo desde las posiciones unionistas. Más bien se ha optado, por el
Partido Popular y la parte de la sociedad que representa, por activar en lo
posible los sentimientos anticatalanes dentro de España. ¿Puede construirse una
“Nación” vituperando a una buena parte de sus ciudadanos? De hecho, el
movimiento independentista se alimenta en buena parte de las declaraciones,
actitudes y acciones con sesgo anticatalán.
El "referéndum informal" sobre la independencia de este otoño …
sólo aquellos que están a favor de la independencia participaron en la votación. La
citada votación se hizo como acto participativo después que el Gobierno, el
Parlamento español y los Tribunales Supremo y Constitucional impidieran las
diferentes fórmulas legales que desde Catalunya se propusieron para hacerlo de
forma legal y acordada. Era por tanto un acto participativo, sin ningún efecto
real, hecho bajo la presión de hacer algo ilegal, y pese a todo ello
participaron 2,3 millones de personas. En mi opinión es además relevante que un
19% de personas fueran a votar en contra de la independencia. Recordar que en
el referéndum sobre el Estatut en 2006 (legal, acordado, publicitado) votaron
3,5 millones. En este aspecto se repite el argumento de raíces franquistas
basado en la llamada “mayoría silenciosa”: el que no va a un acto a favor de
algo, es que está en contra de este algo. Pero nadie interpretaba que, cuando
había manifestaciones en España contra ETA y asistían en total 2 millones de
personas, más de 40 millones de españoles estaban a favor de la organización
terrorista.
Permitir a Cataluña celebrar una votación alentaría movimientos similares. Aquí
el autor toca lo que en catalán decimos “el rovell de l’ou”, la yema del huevo,
el punto nuclear del conflicto que es el hecho que permitir la votación sería el
reconocimiento, por parte del estado español, de Catalunya como sujeto
político. En la concepción unitaria de España, pese a la afirmación
constitucional que España está formada por nacionalidades y regiones, no se
concibe más sujeto que el conjunto. Esta misma semana el humorista Forges
publicaba en El País una viñeta relacionada con este tema:

La familia real ha tratado de ayudar a fomentar la unidad en una variedad
de formas simbólicas. Si los símbolos son los citados en el artículo (una
infanta ha vivido y trabajado en Barcelona y el rey habla catalán) son pírricos
y de hecho corresponden ya a acciones del rey Juan Carlos. No hay evidencia que
el nuevo Rey hable catalán, sí que lo lee de forma bastante correcta, y desde
que ha emergido el conflicto actual no se le conoce ningún tipo de acción
arbitral o iniciativa impulsora de la búsqueda de una solución,.
Como resumen, el artículo está
hecho desde una perspectiva y argumentación muy cercana a la visión de la parte
española. En especial al no tener en cuenta el anteriormente citado proceso
político de destrucción del nuevo Estatuto catalán, que significó el fracaso de
la concepción de una España federal y plurinacional, donde todos los pueblos
que hasta ahora la han formado puedan vivir libre y solidariamente. Significó también el fracaso del catalanismo clásico en el siglo XX, basado en el reconocimiento
nacional de Catalunya dentro de una España reformada, y el paso a un nuevo
catalanismo orientado más a la independencia.
JL Campa