dijous, 4 de desembre del 2014

POSDEMOCRACIA

Per explicar el concepte del títol, aprofito part d’un treball que vaig fer al primer curs de carrera (2011), donada la seva vigència actual:
Colin Crouch define la Posdemocracia, como el estado actual de evolución del proceso democrático en el que, guardándose las formas de los sistemas liberal-democráticos (elecciones, cambios de gobierno, partidos, parlamentos), la política pasa a ejercerse entre los gobiernos y unas élites empresariales y de profesionales expertos, de forma oculta y no controlada.
El concepto de Posdemocracia de Crouch explica de forma muy clara características de las democracias actuales. En realidad me ha sorprendido que no sea un término o concepto más usado y extendido en la sociedad y los medios de comunicación. Quizás la razón para ello la hemos de buscar en parte del propio razonamiento de Crouch, cuando advierte de la actuación de los grupos de presión: no conviene popularizar el concepto de posdemocracia ya que de ninguna manera mejora a la democracia sin prefijos ni adjetivos.
Aplicándolo a España se puede observar que el sistema actual tiene mucho de posdemocracia:
Existen elecciones; las campañas no sirven para debatir sino para transmitir mensajes cortos –publicitarios- en las conexiones de los telenoticias; cuando hay algún debate televisado, antes del mismo hay una batalla entre los asesores de imagen que discuten desde la temperatura del plató a la altura de las mesas; el asesor de cabecera del jefe de la oposición, es un sociólogo especialista en análisis de encuestas, que hace que en función de los resultados de las mismas se lance un mensaje o su contrario.
La corrupción (pública y privada) no es castigada de forma proporcional por los electores: tras un escándalo como el del Palau, que incluye la financiación ilegal de los partidos políticos, las elecciones las ha ganado el partido más relacionado con el caso; el caso de transfuguismo en la Comunidad de Madrid dio la mayoría absoluta al partido beneficiado por los tránsfugas.
La ideología dominante, la publicada, defiende los intereses de las empresas y los lobbies y las élites tienen fuerza sobre los gobiernos: en época de recortes drásticos se ha aprobado una subvención a las autopistas de peaje o se va suprimir el impuesto sobre sucesiones que sólo aplica a casos de personas con grandes patrimonios (por cierto, se suprimió el impuesto sobre patrimonio)
La crisis de los partidos, y su evolución hacia organizaciones de élites especialistas ligadas a los intereses de las empresas es otro aspecto del que hay signos evidentes en España. Ello se relaciona con el desencanto, las bajas participaciones y la mala opinión sobre los políticos.
Igualmente Crouch explica, como relación causa efecto, que la posdemocracia lleva al incremento de las desigualdades y la disminución del estado del bienestar. La realidad le está dando la razón: la diferencia salarial en las empresas ha pasado de una relación de 1 a 30 a 1 a 500 (El Pais 30/1/2011), la prevista reforma de las pensiones las disminuye en el futuro y eleva los años de cotización, los recortes futuros pueden ser sobre sanidad y educación.
Me parece muy interesante –por atinada- la paradoja del capitalismo cuya teoría busca un mercado perfecto donde los individuos actúen libremente y cuya práctica (si no existe una correcta regulación por los poderes públicos) lleva a la formación de oligopolios y monopolios. Ello enlaza con la crisis actual -que se puede explicar en base a consideraciones de Crouch- que llegó tras la desregulación de los sistemas bancarios, la no limitación a los movimientos de capital especulativo y la preeminencia de los intereses de las empresas. Una vez evitado el crack bancario mediante la aportación de dinero público, los poderes de las élites han negado a los gobiernos la capacidad de regular y de imponer tasas a los movimientos de capital. ¿Quién tiene más poder ahora: los gobiernos o “los mercados”? concepto este al que puede aplicarse la frase de poder “entre bambalinas”, oculto y difícil de concretar.
Creo que el autor olvida en sus últimas consideraciones, cuando describe la incapacidad a largo plazo del capitalismo de conseguir el equilibrio, un factor que en mi opinión fue importante para que el capitalismo industrial llegara al pacto tácito que dio lugar al estado del bienestar: tras la segunda guerra mundial, el capitalismo tenía una alternativa (el socialismo), el mundo era bipolar (había un este y un oeste) y al menos en teoría había capacidad de elección. Ahora no hay alternativa al capitalismo, y aplicando su propia lógica de mercado, si no hay competencia es que hay monopolio; Y el que lo tiene lo ejerce y no tiene incentivo para cambiar.
Las conclusiones me parecen razonables, orientadas por el deber ser y un cierto optimismo pero es evidente que están hechas hacia mediados de la década pasada. Coincido con que hay que regenerar la democracia desde los propios partidos políticos, en constituir grupos de presión y en estar atentos a los nuevos movimientos sociales para que sean germen de nuevas formas democráticas.
La magnitud del desafío para regenerar la democracia contemporánea es enorme.
JL Campa