dimecres, 1 d’octubre del 2014

COMPLEXITAT DE LA SITUACIÓ

Ahir en El País hi havien diverses interpretacions sobre el problema d’Espanya i Catalunya i totes elles eren interesants.
L’editorial situava un cop més al diari en un punt contrari al procés, coincident amb l’enfoc del govern d’Espanya sobre el tema de fons (que nega a Catalunya la categoria de subjecte polític), contrari a l’actitud del mateix govern de no oferir cap alternativa, i sobre tot molt crític amb Artur Mas.
L’editorial és una mostra més del posicionament conservador del diari en relació a l’establishment en el sistema polític espanyol. Hi ha frases que podria escriure l’ABC: es un asunto de Estado, no solo un criterio del Gobierno, y detrás de ella se encuentran todos los que creen en el imperio de la ley”, “es de todo punto inaceptable la postura de no acatar las leyes, empezando por la Constitución”, “la soberanía del pueblo español, amparada por la Constitución”, “aunque formalmente sea verdad que Cataluña es una autonomía como otras. Per cert, la última frase pot considerar-se anticonstitucional, al no reconèixer la diferència entre nacionalitats i regions.
En un sentit contrari diu “algo ocurre cuando cientos de miles de catalanes se manifiestan una y otra vez por la independencia y piden votar para dejar clara su postura”, “la Constitución no se defiende con inmovilismo, sino renovándola”, “El reto es volver a incluir a importantes corrientes de la sociedad catalana en el proyecto común”.
 
Els conceptes que m’agradaria llegir en un editorial d’un diari espanyol, progressista i d’esquerres (el que ja no és el País) són els de l’article de Enric Company. Per que reconeix els dos problemes de fons: el reconeixement de Catalunya com subjecte polític i el greu problema institucional que hi ha a Espanya.
“la posición del Gobierno de España en el contencioso constitucional formalmente abierto por las instituciones autónomas catalanas cuando aprobaron su declaración de soberanía, en enero de 2013, es remitirles una y otra vez a lo que decidan los 47 millones de ciudadanos españoles. En su lenguaje, la Nación. Una nación, un Reino”, “A Rajoy ni se le ocurre referirse a Cataluña como nacionalidad, ni en el sentido en el que figura en la Constitución. Y si tiene que haber un consentimiento, sería el de los 47 millones. Ningún otro”, “el catalanismo formó parte de la vanguardia democrática que en 1978 arrancó en España el pacto constitucional a los herederos del franquismo. De manera que puede decirse que hubo un consentimiento nacional catalán a estar en esta unión estatal espanyola”, “el modelo constitucional está también en crisis, en Cataluña y fuera de ella, porque existe una igualmente amplia y aguda percepción de que sus gestores se han apropiado de las instituciones y no gobiernan en función de los intereses de la mayoría, sino en los de los grandes conglomerados económico-financieros”, “Cada día hay elementos que acrecientan este aborrecimiento y las consiguientes ganas de pertenecer a otra sociedad política. En España como en Cataluña”
 
L’article de Jean Leclair, catedràtic a Montreal, és un anàlisi a distància del problema de les relacions entre Espanya i Catalunya amb un enfoc contrari a la independència de nacions que pertanyen a països democràtics i lliures, a la celebració de referèndums i a la presa de decisions per majories ajustades. Però des d’un enfoc federal introdueix una visió interesant, en tant postula que les organitzacions federals poden ser no uniformes per garantir així la unitat del conjunt, i que els governs federals han de ser compartits amb les unitats federades: “¿por qué iban a ser necesarios unos seísmos referendarios para obligar a los jefes políticos de los Gobiernos centrales federales a reconocer que la unidad no se realiza únicamente en la uniformidad y que una verdadera autonomía política regional es el medio más seguro para garantizar la unidad nacional?”, “Un Estado central federal debe evitar confundir firmeza con intransigencia”, “la estabilidad de los Estados federales o cuasi federales no se basa únicamente en el reconocimiento constitucional de la autonomía de las regiones. También reside en el establecimiento de instituciones parlamentarias (en Madrid y Ottawa) que estén en condiciones de actuar como foro de debates interregionales. En resumen, si estas instituciones no están en condiciones de reflejar la diversidad regional, el sistema está en peligro. En Canadá, y muy probablemente en España, lo que amenaza actualmente esta dinámica es la concentración inmoderada de poder en manos del Ejecutivo, que puede gobernar sin tener en cuenta la opinión de nadie, y tampoco la de las regiones”, “El deseo de separarse, en Quebec y en Cataluña, tal vez tenga menos que ver con la existencia de una esencia quebequense o catalana fundamentalmente distinta que con un déficit federal de las instituciones centrales”

Victòria Camps, per últim, aporta que en una veritable negociació ningú ho guanya tot, sinó més aviat tothom acaba una mica insatisfet. Defensa també que un referèndum constitucional no es pot resoldre amb una majoria exigua, doncs citant a M Keating, “Gobernar un país con una Constitución que solo apoya el 50% es imposible”. Es tracta d’un dels criteris marcats pel Tribunal Suprem del Canadà per a fer un referèndum al Quebec, i que aquí a Espanya seria bo aplicar-la en cas d’una reforma constitucional com la que sembla vol proposar el PSOE: ¿Quina legitimitat tindria una nova Constitució feta en bona part per resoldre l’encaix de Catalunya a Espanya, que no fos votada majoritàriament a Catalunya?

Ahir va donar gust llegir El País

JL Campa