diumenge, 7 de setembre del 2014

1714-2014

Adjunto complet un article de  Albert Sánchez Piñol avui a La Vanguardia, pel seu interès en quan a dades històriques sobre el 1714, les interpretacions que es fan ara, i també per ser l’autor del llibre Victus, la presentació del qual va ser censurada pel govern espanyol a Holanda la setmana passada:
 
La noche del 11 de septiembre del año pasado estaba escuchando una emisora de alcance estatal cuando intervino Antonio Bolaño, tertuliano exaltado, exasesor de Montilla, despachándose a gusto contra la exitosa manifestación. Bolaño describió Catalunya como un lugar tan enrarecido por los soberanistas, tan intelectualmente enloquecido, que algunos incluso mencionaban “barbaridades” como “republicanismo monárquico”. Al señor Bolaño alguien le tendría que haber dicho dos cosas. Una: que la expresión republicanismo monárquico es un término estrictamente académico que usan los historiadores para describir la filosofía política que imperaba en Catalunya antes de 1714. Y dos: que la ignorancia casi siempre va de la mano del ridículo.
Los hechos de 1714 han generado tantos esfuerzos revisionistas que es imposible resumir todos los argumentos del megáfono negacionista. He aquí los principales.
El discurso de Casanova el 11 de septiembre deja muy patente que los catalanes luchaban por el rey y por España. En efecto, el último alegato del gobierno catalán, en circunstancias extremamente patéticas, invoca que la lucha catalana es “por la libertad de toda España”. Lo que el revisionismo calla es que el significado de la palabra España era radicalmente diferente del actual. Los historiadores han definido la España de 1713 como un “Estado Compuesto”, un sistema de esencia confederal. Es decir, que la última proclama de Casanova era perfectamente coherente con la defensa de las Libertades y Constituciones.
En cualquier caso, ¿saben de dónde han sacado los autores revisionistas el fragmento de la proclama “españolista” de Casanova? De Castellví. Francesc de Castellví fue un exiliado austriacista que escribió las monumentales Narraciones históricas, guiado por el deseo de inmortalizar la lucha de los catalanes por sus libertades. ¿Qué hace el revisionismo? De las más de cinco mil páginas de Castellví toma un fragmento minúsculo y excluye las otras 4.999 páginas. Bravo. De hecho, la última Diada, el PP pagó para que la prensa catalana publicara ese fragmento, perfectamente descontextualizado. Esto es típico del procedimiento negacionista. Se coge un documento de época indudablemente auténtico, se extrapola y se obvian los miles de documentos que lo contradicen. Por decirlo de algún modo: imaginemos que existiera un parte meteorológico del 7 de diciembre de 1941, donde se indicara que aquel día hubo una gran tormenta en el Pacífico Oriental. La conclusión revisionista sería la siguiente: “El documento demuestra que los aviones no podían volar; en consecuencia, el ataque a Pearl Harbor nunca existió”.
La represión filipista no fue tan grave, y gracias al nuevo régimen Catalunya progresó económicamente. Que es como decir que el franquismo industrializó Catalunya. La historiografía moderna lo ha dejado muy claro: en la posguerra, Catalunya prosperó a pesar del nuevo régimen y no gracias a él. En cuanto a la represión borbónica, las últimas investigaciones apuntan que todavía fue más grave de lo que se creía. La práctica habitual del ejército borbónico consistía en quemar cualquier localidad donde se topara con una mínima resistencia. Una política de Estado basada en los incendios, las deportaciones y las ejecuciones. Ahora bien, elevando la anécdota a categoría, el partido Ciudadanos, en su página web “Vamos a contar diadas” llega a afirmar que “durante el sitio de Barcelona los pueblos del Pla de Barcelona no sólo acogieron sin problemas a las tropas sitiadoras, sino que los campesinos hicieron pingües negocios con ellas” (sic). Que a estas alturas de las investigaciones históricas Ciutadans continúe manteniendo una web como Vamosacontardiadas.com ya no es un fenómeno que se tenga que explicar desde la demagogia, sino por el psicoanálisis.
La enconada resistencia barcelonesa fue provocada por un puñado de aristócratas y políticos ambiciosos que manipularon a una chusma ignorante. Destaco este argumento porque tiene 300 años de vigencia. Los botiflers de la época ya lo mencionaban, y hoy en día, mira tú por donde, se afirma lo mismo del proceso soberanista. El problema es que tenemos las actas de las votaciones parlamentarias de la época: en primera instancia los nobles votaron en contra de que Barcelona resistiera, y sólo rectificaron por la presión popular.
El bando catalán sólo defendía un anticuado sistema de fueros medievales y privilegios nobiliarios. Es urgente, urgentísimo, recuperar Víctor Ferro y su El Derecho Público Catalán. Las Instituciones en Cataluña hasta el decreto de Nueva Planta (1987). Ferro ilumina el magnífico edificio que fueron las Constituciones, donde incluso se preveían medidas para limitar el poder real como el hábeas corpus. La guerra de Sucesión en la Península fue, de hecho, un conflicto entre dos modelos políticos. En Castilla imperaba un principio: “La palabra del rey es ley”. Y en cambio, en Catalunya, la figura real estaba más subordinada a las instituciones autóctonas. Por eso un autócrata como Felipe V se exclamaba: “Las últimas cortes me los han dejado (a los catalanes) más repúblicos que a los ingleses” (sic). Y es por todo ello que los historiadores se refieren al sistema catalán como “republicanismo monárquico”. ¿Lo entiende ahora, señor Bolaño, lo entiende?
ASP