dimecres, 6 de febrer del 2013

Menteixen i ens distreuen. JOSEP FONTANA.


Alguns paràgrefs de l'article en EL PERIÓDICO del 6 de febrer de 2013

Els nostres polítics ens menteixen. Ens distreuen discutint al voltant dels sobresous i callen sobre la qüestió principal, que són les donacions de les empreses: el seu volum real, la forma com es declaren (o no), els usos que se’ls dóna i, sobretot, les contraprestacions amb què es paguen. CorpWatch, una organització dedicada a la denúncia de la corrupció empresarial, sintetitza així el cas Bárcenas : tres empreses constructores espanyoles van pagar més d’un milió d’euros al Partit Popular i van rebre contractes d’obra pública per valor de més de 14.000 milions.
No crec que hi hagi ningú tan ingenu per imaginar que personatges com Felipe González o José María Aznar podrien disfrutar dels ingressos que actualment perceben si no haguessin passat abans per càrrecs polítics que els han proporcionat una considerable influència. Ni se m’acut per què altres serveis que no siguin els d’aquest gènere remunera Telefónica a Rodrigo Rato (no deu ser per la seva tasca com a economista, després de la seva menyspreada sortida del Fons Monetari Internacional i del grotesc episodi de Bankia).
No hauríem d’escandalitzar-nos per aquestes coses, perquè succeeixen a molts llocs. Respecte del finançament de les eleccions es calcula que les últimes celebrades als Estats Units van mobilitzar un mínim de 6.000 milions de dòlars de diners privats ( Sheldon Adelson es va gastar personalment 53 milions de dòlars en suport del nou candidats). Hi ha a més a més un aspecte que aquí produeix escàndol, com el dels viatges i festes pagats als polítics, que als Estats Units està institucionalitzat pel mecanisme del lobby, en el manteniment del qual les grans empreses gasten més diners que els que es destinen a pagar impostos.
El que resulta un engany és fer creure al personal que la corrupció són els vestits de Camps o els sobres de Rajoy . Tot això és moneda menuda, xavalla. El que és realment greu és l’avanç de la connivència de la política amb els interessos de les grans empreses i els negocis financers, que està institucionalitzant el desenvolupament d’una política que es compra i es ven. I a això serà molt difícil posar-hi remei.

 

Fragmentos de la entrevista a JOHN RALSTON SAUL en El País Semanal del 5 de febrero de 2013


Existe una nueva religión absoluta del crecimiento, el comercio, la santidad de la deuda y de los contratos comerciales, con la que intentan hacernos creer lo inteligentes que son los políticos y lo estúpidos que somos los demás. Da igual lo mala que sea la situación actual, ellos siguen aplicando las mismas recetas, haciendo lo mismo. Eso es lo que se está haciendo en España y en todas partes. El sistema avanza en la misma dirección. Los problemas que hay se están agravando. Nadie reconoce cuál es el auténtico problema. El crecimiento no nos va a sacar de donde estamos; la austeridad, tampoco. Veremos cómo resisten todo esto las democracias. Están poniendo la democracia en peligro.

La globalización ha conducido a lo opuesto de lo que prometía. Prometió competencia, y ha causado el regreso a los oligopolios; prometió renovación del capitalismo, y ha supuesto la vuelta al mercantilismo; prometió el final del nacionalismo feo [sostiene que también hay un nacionalismo positivo], y ha traído la era más nacionalista desde el final de la Segunda Guerra Mundial. Prometió crecimiento, no tenemos crecimiento; prometió empleo, no tenemos empleo… y así se puede seguir con la lista. Nada de lo prometido ha ocurrido.

Bankia: Una buena política habría sido, por ejemplo, que el Gobierno anunciase que pagaría todas las hipotecas hasta una cantidad determinada, pongamos 300.000 euros. Das el dinero a la gente que está en su casa y que tiene una hipoteca, y de hecho salvas a los bancos: es el ciudadano el que da el dinero a los bancos al cancelar su hipoteca. De pronto, la gente ya no tiene deudas y puede gastar lo que gana. Así es como se crea una clase propietaria y además se relanza la economía. Es tan simple.

La política económica es intentar mover las cosas en una buena dirección. No significa hacer exactamente lo mismo en cada sitio, ni significa que tengas que hacerlo todo a la vez.

La clase directiva del sector privado ha conseguido, presionando a los Gobiernos, regulaciones que han convertido el fraude en algo legal ...  han usado su influencia para cambiar el sistema impositivo en todos los países para no tener que pagar demasiados impuestos por esos bonus. Eso es fraude. Probablemente, los dos ejemplos más evidentes de fraude desde la Segunda Guerra Mundial son: el cambio en las disposiciones de ingresos de los directivos, fraude evidente hecho legal, y la transferencia de la deuda privada de los últimos años al sector público.

Los historiadores económicos son los intelectuales; los macroeconómicos son los semiintelectuales que dieron forma a las ideas, y luego están las abejas trabajadoras, que trabajan en lo micro, que no piensan y solo hacen números. Se eliminó a los historiadores porque, una vez que tienes la verdad, no quieres que el pasado sea examinado. Promocionaron a los semiintelectuales a los altares. Y elevaron a los que solo hacen números

En realidad, la globalización viene de un grupo de gente bastante marginal que tomó unas viejas ideas de mediados del siglo XIX pasadas de moda. Una de ellas era inglesa: el comercio libre, y la otra era el capitalismo de bucaneros, que se remonta a finales del XIX en Inglaterra y Estados Unidos. Unieron las dos cosas y dijeron: esta es una gran idea. Y no pensaron en las consecuencias de la unión de esas dos ideas. En la crisis de los años setenta estábamos con excedentes de producción, no se debía resolver el problema incrementando el comercio, porque ya había demasiados bienes. Es decir, la solución que encontraron para el problema era la contraria a lo que se necesitaba. Llevamos 30 años de abrumadora mediocridad intelectual, sin sentido de la historia, ni imaginación, ni creatividad, sin pensar qué estamos haciendo y adónde vamos: una gran banalidad con tremendos resultados.